
Nuestras vidas son caminos de largo recorrido, uno sabe que empieza a recorrerlo cuando ya hace años que lleva dejando rastros por él. Nuestras vidas deberían ser vividas al revés, nacer con la experiencia para poner fin al círculo despareciendo sin más. Vivir con la seguridad que otorga una madurez propia de ir sumando cicatrices en el tullido cuerpo que nos sostiene.
Como no es así, los videojuegos no pueden ser más que una parte de dicha experiencia. Los desarrolladores intentan plasmar un mundo ficticio – aunque cercano muchas veces a la realidad – donde explorar y mostrar todas esas sensaciones que quizás jamás podríamos vivir. Por ello, debemos estar agradecidos a que muchos de nosotros tengamos siempre algo que hacer, algún sitio donde ir y unas cuantas horas que invertir.
Invertir el tiempo jugando a videojuegos – suena bien – es quizás una de esas aficiones que te lleva a pasar horas y horas pensando en cómo solventar una situación. Dedicar horas a aquello que más te gusta, como leer o escribir, no debería ser criticado por nadie. Pues somos dueños de nuestras vidas y con ellas decidimos en qué enfocar nuestra atención.
Sin más, sin justificaciones, los videojuegos están creados para ser disfrutados. No hay razones para filosofar – y yo soy muy dado a esto – pero no hay nada mejor en éste mundo que ver como las historias se desarrollan y son gracias a ti. A tu ingenio, a tu pericia, a tu capacidad de superación y por qué no decirlo, a tu sudor.
¿Cuántas horas hemos pasado delante de un Ordenador o un Televisor? La respuesta es clara y directa. ¡Y las que aún no están contabilizadas! Porque seguiremos – en mayor o menor medida – nuestros caminos, buscando siempre una buena ración de cultura digital. Sí, Cultura Digital y en mayúsculas porque lo nuestro no es ocio. Nuestra inversión es en pro de nuestra mejora en esto de las bellas artes.
Y como en aquellos maravillosos Seat 600 donde todo repartido cabía en el maletero, los videojuegos han sabido irse moviendo entre los libros y el cine, para ocupar un lugar privilegiado donde va a llegar a muchos, ya sean jóvenes o menos pequeños. Porque el sector se ha agrandado, porque todo se ha globalizado y gracias a ello podemos dejar de tener aquel estigma de antaño.
Porque ya no somos niños, pero seguimos disfrutando como tal. Porque ya no somos inexpertos, pero aún cogemos los juegos con las mismas ganas. Porque nadie hace nada a disgusto tantas veces y repetidamente al largo de su vida si esto no le aporta nada y sobre todo, porque amamos un sector que está creado para ofrecer horas de diversión.
Escribimos, leemos, jugamos, programamos, editamos y tantos verbos acabados en –amos que sólo hacen indicar la existencia de actividad. ¿Quién dijo que no éramos productivos? Lo somos, siempre lo fuimos, y por ello proclamamos que los videojuegos son para disfrutar.
Artículo escrito por Laocoont, antigüo redactor de NMH y cocreador de NMH.










Pingback: Under My Pencil #42 | Under My Mind