Resulta curioso ver cómo, de un día para otro, nuestra percepción de la realidad puede cambiar radicalmente; caso de este E3 que nos deja. Donde la inmensa mayoría pensaba que Sony poco tendría que hacer para alzarse con la “victoria”, va Nintendo, sin conferencia, nos da un recital de humor y contenidos, dejando al resto con un palmo de narices y a todos con una sonrisa medio dibujada en la boca.

Microsoft se redime con juegos, juegos y más juegos, terminando la conferencia con un Phil Spencer con cara de perrito apaleado reconociendo sus errores con un acto de contrición, pero sin darse cuenta de que, con todo lo presentado, siguen sin aportar suficiente variedad al catálogo. De Kinect, ni rastro, y del tv, tv, tv, tampoco.

Sony, por contra, parece sentirse cómoda en su liderato next gen, aportando muy poquito contenido, salvo un Uncharted que dejó a más de uno bien trempado, y con una idea difusa de lo que quieren traer en el próximo año. Si me apuráis, diría que cometen el mismo error de Microsoft el año pasado, alejándose un poco del jugador tradicional.

Sea como fuere, creo que esta feria ha sido buena, muy buena, para el jugador, no ya por el ingente contenido que se ha anunciado, que también, si no por el re-equilibrio de poder entre las tres grandes. Nintendo y Microsoft despertando contra el liderazgo inicial de Sony, apostando fuerte y dejándose capital en lo que realmente nos importa: juegos. Una pena que, un año más, las filtraciones hayan restado lustre al espectáculo por que, si no hubiera sido así, un buen par de sorpresones nos hubiéramos llevado. Buenos tiempos para la lírica, oiga.