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Esta semana seguro que más de uno os vais a tirar al cuello, pero esta película tiene que estar por aquí sí o sí. Razones las tiene a patadas por muchos fanáticos que quieran enterrarla. Así que lo primero de lo que vamos a hablar es de esas malas críticas, de esas negras opiniones que cargadas de fanatismo nombraban a la película como lo peor. Como el mal encarnado. ¿Realmente era tan mala Avatar? Para nada, de hecho es un peliculón, que por desgracia mucha gente vio con unos prejuicios y unas ideas que manchó su imagen por todos lados.
La gente atacó a la película por el único sitio que podían atacarla: por el guión. El caso de poner una historia clásica contada miles de veces, terminó por comparar la película a modo de insulto con Pocahontas. Pero la historia también fue contada en Bailando con Lobos o en El ultimo Samurái y ahí no pasó nada. También se comparo a los Na’Vi con pitufos gigantes, otra comparación que sólo buscaba el desprecio fácil, es como decir que Hulk es un moco con esteroides porque ambos son verdes.
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La conclusión que saco a todo esto es que si eres la película más taquillera de la historia, tienes que lidiar con estas cosas porque va a ver la película más gente de la necesaria. Es decir, si una película sabes que no te va a gustar no vas a verla, y seguro que hubo mucho gente que sabía que no le iba a gustar y fue a verla para ver qué era aquello que tanto estaba llamando la atención. El final de la historia ya lo sabemos. Ojo, esto no quiere decir que la película fuera vapuleada, ni mucho menos. Me atrevería a decir que hubo más gente que la alzó a la altura de obra maestra que detractores.
Pero dejándonos ya de historias, vamos con lo que ofrece la película. En diciembre de 2009, y tras 12 años de abstinencia. James Cameron volvió con una nueva película bajo el brazo. Avatar nos contaba cómo un marine en silla de ruedas en el año 2149 era transportado a una Luna del planeta Polifemo, llamada Pandora. Allí entraba en una investigación de una colonia humana donde estaban extrayendo un extraño mineral que sirve como material energético. Pero los humanos tienen que lidiar con una raza autóctona llamada Na’Vi, una raza bípeda y humanoide. Así que se crean cuerpos artificiales con la anatomía de los Na’Vi para lidiar con ellos. Estos cuerpos son llamados Avatares.

Eso nos contaba una película que hace algo más de 2 años revolucionó el cine y que a día de hoy sigue siendo un referente en muchos aspectos. A nivel técnico es tan apabullante el nivel que tiene, que me atrevo a decir sin temor a equivocarme que todavía no ha sido superada. De hecho, a día de hoy es la meta a llegar. ¿Cómo es posible que en 2 años no se haya superado a nivel visual, con lo rápido que avanza la tecnología? Ahí se nota el despiporre visual con el que cuenta la película. Y es que el mundo de Pandora es jodidamente real, y está realmente vivo. La fauna y la flora invaden la película para dar un realismo extremo al ambiente que da uno de los mundos más reales jamás concebidos.
Pero aparte del salto gigante a nivel técnico y visual, Avatar remodeló el negocio de las 3D tanto para bien como para mal. La moda del 3D se consagró con Avatar una vez más en la historia y sigue muy presente a día de hoy, aunque no con los efectos deseados. Y es que para el rodaje de la película se usaron cámaras de Sony diseñadas para grabar directamente en 3D, lo que resultó en que la profundidad del 3D fuera espectacular y mucho más natural que en el resto de películas, las cuales han incluido el 3D más para recaudar más en taquilla que para sorprender. Y es que desde Avatar tampoco se ha visto una película con un 3D tan currado.
Otra evolución en los rodajes de películas fue la tecnología que permite ver al director cómo quedara la imagen que está grabando. Así, mientras los actores están en un estudio rodando, el director no ve el estudio, si no el mundo que ha creado, y los actores dan vida a los personajes de la película. Esto hace que sea más real la forma en la que inciden los elementos en el entorno, y que la cámara esté en lugares más naturales. Y es que el director no tiene que imaginarse cómo quedará la escena una vez hecho el trabajo de post-producción, está viendo con sus propios ojos cómo queda en tiempo real mientras filma.
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En resumen, los tres grandes avances tecnológicos: el grandísimo nivel técnico, la grabación en 3D directamente, y la visualización de la escena completa mientras se rueda. Eso sin mencionar el sistema de detección de movimientos de los actores, que mide al milímetro cada movimiento y gesto con multitud de cámaras y sensores. Son avances que han inspirado a mucha gente y que no pueden pasarse por alto porque sí. Peter Jackson, por ejemplo, está usando mucha de esta tecnología, y mejorada, para rodar el Hobbit.
Además hay que incluir el buen hacer de Cameron rodando secuencias de acción, y muchas escenas que se quedan grabadas en la retina, que ponen el pelo como escarpias y que son simple y llanamente alucinantes. Eso sin mencionar la tremenda banda sonora, que combina la épica con melodías tribales y salvajes que combinan a la perfección y le dan el tono adecuado a cada situación. Hacía mucho tiempo que no me sorprendía tanto viendo una película en el cine (más claramente, desde que veía el Retorno del Rey) y seguramente todavía pase un tiempo antes de volver a ver una película en el cine como si fuera algo nuevo y brillante.
Que la historia estaba muy quemada o había mucho cliché, no lo niego. Pero la película protagonizada por Sam Worthington, Zoe Saldana, Stephen Lang y Sigourney Weaver, creo que tiene mucho de lo que sacar pecho y sentirse orgullosa. Y creo que he dado razones suficientes como para que esté por aquí.
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